Unidad 6 - Narrativas en pasado

Texto 1 (Escucha el texto siguiente.)
Había, en aquella casa, una cosa extraña. Todos tenían miedo de entrar ahí. Pero, yo estaba más adelantada y sabía que había problemas a temer. Quería seguir sola, pero los demás deseaban ir conmigo. Teníamos que seguir callados hasta llegar al lugar que esperábamos encontrar. Era una casa antigua, sin pintura. Las ventanas estaban rotas y las puertas eran feas. En aquella época yo tenía una cara de tonta. Mi pelo era largo y usaba gafas. Mi memoria estaba activa y mis piernas podían correr mucho. Yo necesitaba de ellas...

Texto 2 (Escucha el texto siguiente.)
Cuando yo iba a a casa de mi abuela jugaba con mis primos en un molino abandonado. Era un molino antiguo y decían que era asombrado. Mis abuelos eran muy simpáticos y nos dejaban jugar allí. Siempre salíamos temprano para quedarnos más tiempo jugando. Mi prima llevaba unas frutas, mi primo se ocupaba de las “armas” y yo tenía un mapa del lugar. Todos sabíamos nuestra tarea. Cuando empezaba la aventura, hacíamos una jura de secreto. Todos guardábamos secreto de nuestras cosas. Cuando volvíamos a casa, encontrábamos a la abuela en el salón. Tenía preparados unos bizcochos con leche y chocolate. Volvíamos con hambre y siempre comíamos todo.

Texto 3(Escucha el texto siguiente.)
Me acuerdo del tiempo en que llegué a casa de mis señores. Era el año 2020. Todas las casas tenían robots hacía años, pero nosotros, Lolata y yo, Manolento, éramos los más modernos de aquel entonces. Sabíamos hacer todo el trabajo doméstico y aún la seguridad de la familia. Ayudábamos a los niños en sus tareas domiciliarias y a la abuelita doña Concepción en sus crochés y costuras. Nuestros amos eran muy amables y nos permitían recargarnos en los enchufes de la cocina y de los dormitorios de los niños. Ahora ya se pasan 200 años, y nuestras baterías solo nos permiten mantener los circuitos del cerebro y los sintetizadores de voz. No podemos movernos pues se nos han estropeado las piernas cuando tuvimos que salvar al nieto de Francisco, el cuñado de la señora Herreira. Seguramente nuestra voz puede parecerles un poco artificial, pero en aquella época, conversar con nosotros era una de las cosas que más les gustaba a los niños de la casa.