Unidad 6 - De ocio (epílogo)

La tensión llena el aire como algo casi palpable. Los estudiantes están todos reunidos en el auditorio principal del edificio de la Fundación. En la gran mesa sobre el escenario, todos los profesores que acompañan los estudios de nuestros becarios están presentes. Todos esperando a Katia, que en este momento llega, trayendo los resultados de la primera evaluación, por la que han tenido que pasar los jóvenes. Es un momento extremamente importante, pues este resultado definirá su permanencia o no en España. Según el contracto firmado, un resultado negativo en una evaluación implica pérdida automática de la beca.

Muy seria, Katia toma su lugar entre los profesores y abre un sobre pardo que trae en las manos, sacando de allá un mazo de papeles. Con la solemnidad que el momento exige, empieza a hablar:

Katia: Mis caros, como ustedes ya lo saben, esta primera evaluación que se hace a la mitad de nuestros estudios define los que están logrando el aprovechamiento que se espera, separándolos de los que no piensan llevar en serio nuestros estudios. Sé que para ustedes es una presión terrible, pero, para nosotros, es muy importante, porque de alguna manera este instrumento sirve para mantener alto el nivel de nuestros becarios. Los que salen de aquí con un certificado de la Fundación Lazarillo de Tormes es porque, efectivamente, supieron usar su tiempo para aprender y no solamente para hacer turismo.

Tras una pequeña pausa dramática, la coordinadora sigue:

Katia: Bien, acá, en mis manos, tengo los pareceres de sus profesores sobre el trabajo desarrollado por cada uno hasta ahora, además de la evaluación del texto que escribieron ayer. Ustedes tendrán acceso total a este material para que puedan sacar posibles dudas sobre el resultado. Sin embargo, para no tomarles más tiempo, debo decirles inmediatamente que de todos los becarios aquí presentes… no tuvimos siquiera uno... – Katia interrumpe su discurso para beber un poco de agua – Bien, como les decía, no tuvimos siquiera un becario que haya logrado resultados negativos, lo que significa decir que todos están aprobados y siguen en nuestro programa.

Por pocos segundos, los estudiantes quedan estáticos, digiriendo aquellas palabras, pero enseguida, el auditorio explota en una merecida conmemoración, en que todos los becarios se abrazan, silban y dan vivas por la victoria.

Pacientemente, Katia espera que los ánimos se calmen y retoma su discurso:

Katia: Chicas y chicos, atención, por favor. En nombre de sus profesores y como coordinadora de la Fundación, les felicito por este resultado. Estamos todos muy contentos porque éste es realmente un grupo muy superior. Como decía un profesor mío, cada generación tiene que ser mejor que la anterior y veo que este grupo es una prueba viva de esto. De todos modos, me gustaría que ustedes leyeran las observaciones que les fueron hechas hasta ahora. Sin embargo, antes de eso, tenemos que organizar nuestra tradicional fiesta que marca el fin de la primera etapa.

Animados, los estudiantes aplauden y empiezan nuevo jaleo. Riendo, Katia los tranquiliza:

Katia: Está bien, cariños míos, está bien. A ver, yo necesito de alguien que se encargue de coordinar un grupo que estará responsable por la decoración del salón; otra persona para organizar las comidas y las bebidas y una más que estará encargada de la música. ¿Quién se apunta?

Inmediatamente, Juliana se manifiesta:

Juliana: ¡Yo, Katia! ¡Me gustaría organizar la decoración!

Katia: ¡Muy bien, Juliana! Si todos están de acuerdo, tú eres la responsable.

Marcelo: ¿Katia? – interrumpe Marcelo.

Katia: Dime, Marcelo.

Marcelo: Yo quiero estar a cargo de la música. Imagínense si Débora la toma para sí y resuelve poner música clásica en la fiesta...

Todos ríen. Débora contesta:

Débora: Ah, chistoso que eres, chiquilín. Pues, si nadie está en contra, yo me encargo de la comida y de la bebida. Y para ti, Marcelo, ¡pan seco y agua!

Más risas.

Katia: Veo que están animaditos, ¿no? Está bien, así quedamos. Ustedes los tres son los responsables. Reúnan sus equipos y al trabajo. Tienen dos días para organizar todo. Y no se olviden: David Perales y Raúl Echeverría, nuestros directores, estarán acá. Por lo tanto, ¡hagan su mejor!

La reunión termina con más aplausos entusiasmados del grupo.

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Al día siguiente...
Katia está en su sala y Juliana irrumpe, animadísima, por la puerta:

Juliana: ¡Katia! ¡Katia!

Katia: ¡Cálmate, niña! ¿Qué pasa?

Juliana: Estaba conversando con María y Clara, que me están ayudando con el tema de la decoración. ¡Tenemos una idea rebuena! También conversé con Débora y Marcelo y logramos ponernos de acuerdo para organizar una fiesta temática: Brasil y España, un encuentro. ¿Qué te parece?

Katia: Pues, ¡el tema está bárbaro! Tiene todo que ver. Pero, ¿cómo lo llevarás a la práctica?

Juliana: La idea es intercalar las mesas: unas decoradas con los colores de España, el rojo y el amarillo, y otras con los colores de Brasil, el verde y el amarillo. En las paredes, queremos poner unos pósteres de artistas brasileños y españoles de todas las épocas, lado a lado, como cantantes, escritores, pintores… La mesa de música, en que Marcelo estará trabajando, será decorada con motivos de la samba brasileña y del flamenco español y él ya está preparando unas mezclas electrónicas entre estos dos estilos para la fiesta. Además de eso, Débora se propuso a preparar la comida con una mezcla de sabores españoles y brasileños también...

Katia la interrumpe:

Katia: ¡Chica, la idea está fenomenal! ¡Buenísima! Me parece que ustedes harán una superproducción. ¡Adelante! ¡Adelante! En lo que me necesiten, basta llamarme.

Juliana: ¡Gracias, Katia! Vamos adelante con la idea, entonces.

Y Juliana sale corriendo todavía más animada de lo que estaba cuando llegó.

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Mientras tanto, Débora llama a una confitería:

Confitero: Diga.

Débora: ¡Buenos días! Soy Débora Medeiros de la Fundación Lazarillo de Tormes y me gustaría hacer una encomienda de tarta y dulces.

Confitero: A sus órdenes, señorita.

Débora: Bien, por primero me gustaría pedirle una tarta de unos cinco quilos. La más tradicional que tengan, pero necesito que ustedes piensen la mejor manera de decorarla con las banderas de Brasil y España… ¿será posible?

Confitero: Sin duda, sin duda. Estamos acostumbrados a hacer este tipo de trabajo.

Débora: Ay, ¡qué bien! Bueno, y para complementar, necesito unos dulces coloridos. Nuestra idea es que tuviéramos unos dulces en los colores amarillo, verde y rojo. ¿Qué sugiere?

Confitero: Bien, puedo sugerirle unas tartaletitas de chocolate con crema blanca y fresa natural, para representar el color rojo, tenemos unas fresas muy frescas, grandes y de un rojo vivo. Para el verde, tal vez unas tartaletas con crema y uvas blancas, que tienen un tono de verde muy agradable a la vista y son extremamente sabrosas. Por fin, creo que para mantener el aspecto tropical de la mesa, un dulce que acuerda mucho a Brasil que es el mousse de mango; lo hacemos en una base de galleta con nuez, con relleno y cubierto de trocitos de mango. ¿Estaría esta composición buena para usted?

Débora: ¡Perfecta! ¡No pensaría nada mejor! ¿Usted me puede entregar en el predio de la Fundación el sábado por la tarde?

Confitero: Por supuesto que sí, señorita. Voy a pasar el teléfono a mi asistente para que apunte sus datos, ¿de acuerdo?

Débora: Sí, claro, muchas gracias.

Confitero: De nada y hasta luego. ¡...asistente!

Débora: ¡Adiós!

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Es el sábado.
Todo está listo. Débora y Juliana están en su alojamiento preparándose para la fiesta.

Juliana: Débora, ¿Qué me dices de este vestido rojo? ¿No es algo bastante español?

Débora ríe.

Débora: Sin duda, Juliana, ¡pero con un ascote bien brasileño! ¡Casi puedo ver tu ombligo!

Juliana: Ay, Débora, ¡que exageración!... ¿Crees de verdad que está demasiado?

Débora: No, amiga, estás linda, como siempre. Estoy de broma.

Juliana: ¿Será?

Débora: ¡Olvídate! Te estoy diciendo: ¡estás guapísima! ¿Y en cuanto a mí? ¿Qué me dices?

Juliana: ¡Clásica! El negro te cae bien. Pero estos pendientes… Mira acá. ¿Qué te parece este conjunto de pendientes y collar?

Débora: Uy, ¡está precioso!

Juliana: Pues, quiero que los aceptes como un regalo mío.

Débora: No, Juliana. No hagas eso.

Juliana: ¡No, no, no! No acepto un “no” como respuesta. Hace tiempo que te los quiero dar. Son tuyos.

Débora: Ay, amiga, no es justo, nada tengo para darte.

Juliana: Pues no te los estoy dando para ganar algo en cambio. Es un regalo por la gran amiga que eres y por lo tanto que me has ayudado en este curso. Si me salí bien en este examen, en buena parte te lo debo a ti.

Débora abraza a la amiga, muy emocionada.

Débora: ¡Qué querida eres!

Y Juliana, librándose del abrazo.

Juliana: ¡Basta, que ya me hice el maquillaje! No quiero llegar al salón con la cara deshecha.

Débora ríe.

Débora: Está bien, está bien. ¿Vámonos, entonces?

Juliana: ¡Inmediatamente!

Las dos amigas bajan las escaleras en dirección al salón. Cuando llegan, la música de Marcelo ya está animando el ambiente. La decoración está perfecta y la comida servida con esmero. Débora y Juliana se miran y no contienen la animación:

- ¡Bárbaro!

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