Unidad 6 - David vuelve a España

David finalmente vuelve de su viaje a Brasil. Raúl lo fue a buscar en el aeropuerto. Se acaba el día y los dos están tomando unas copas de vino y unas tapas, discutiendo los sucesos del viaje.

Raúl: Entonces, hombre, ¿cómo te fue?

David: ¡Mejor imposible! Hice unos contactos muy buenos en Porto Alegre. Creo que nuestra empresa pronto estará con dos o tres cuentas de propaganda más y bien gorditas. Hay unas grandes empresas del sur de Brasil que quieren conocer nuestro trabajo.

Raúl: ¡Bárbaro!

David: Sí… Bien, tendremos que volver allá dentro de un mes con algunas propuestas concretas, pero creo que será un éxito.

Raúl: ¿Tendremos?

David: Ah, después te explico. Tranquilo.

Raúl: Hmmm… Bien, yo sabía que te saldría bien con eso. Tienes un instinto buenísimo… pero, vaya, estás cansado, no hablemos de trabajo. ¿Qué de nuevo me cuentas de Brasil? Espero que te haya gustado el viaje.

David: Bueno, nada muy nuevo, pero ¿sabes que extrañé nuestro frío de acá? Allá están en pleno verano y, hombre, uno se imagina que el sur de Brasil tiene una temperatura amena, pero, ¡Porto Alegre es una ciudad muy calurosa!

Raúl: Ah, ¿sí?

David: ¡Tremendamente! Me hizo acordar unas vacaciones mías en Rio de Janeiro, con la diferencia que no había la playa para refrescarme. Yo me puse un traje para presentarme a los empresarios y el sudor se me escurría por la cara. ¡Un horror! ¿Y sabes qué hacen para refrescarse los sureños? Beben algo a que llaman “chimarrão”. Me lo ofrecieron y yo me lo tomé, pero… válgame Díos… la cosa es calientísima y amarguísima. Nunca conocí nada igual.

Raúl: ¡Ah, te refieres al mate!

David: ¿Mate? Tal vez… creo que escuché algo así.

Raúl: Claro, una vez visité a Katia y a Diego en la Fundación y ellos lo estaban tomando. Es algo típico de aquella región. Una bebida gaucha, lo dicen. Algo que es compartido entre los gauchos brasileños, uruguayos y argentinos, me parece… pero, no es de todo malo.

David: ¡Estás loco, hombre! Eres muy tolerante… a mí no me gustó nada.

Raúl: ¡Jajaja! Sí… Me acuerdo que Katia me dijo que lo toman incluso en verano.

David: Pues, a mí lo que me apetece en verano es un buen helado… ¿y sabes que allá había una heladería muy buena? No me acuerdo el nombre del lugar, pero había un helado de dulce de leche de chuparse los bigotes.

Raúl: Amigo, de helados no discuto contigo. Eres un experto en el tema. Pero cuéntame… ¿cómo es la ciudad?

David: De verdad, muy buena. El aeropuerto está un poco lejos de la ciudad, pero el traslado es tranquilo. El hotel era de buenísima calidad y me alquilé un coche con conductor, así que no tuve que preocuparme por el tráfico, que en algunas horas del día era un poco difícil, tanto como en Madrid.

Raúl: ¿Y las chicas? ¿Tan guapas como en Rio de Janeiro?

David: Ufff… ¡Ni te cuento! Son guapísimas las sureñas, pero distintas a las cariocas. En Porto Alegre, se nota un aire más urbano, diría casi europeo, mientras que en Río se ve la gente más relajada, con un espíritu más playero. Yo creo que las gauchas son más discretas, pero al igual de bonitas. Y en general se visten muy bien, son muy elegantes… en eso me acuerdan a las europeas en alguna medida.

Raúl: Mira, hombre… ¡veo que estás impresionado! ¡No me digas que estás enamorado de una brasileña! ¿Será que mi buen amigo Don Juan finalmente encontró a su alma gemela?

David: ¡Jajaja! Ya me conoces, Raúl. Soy un soltero convicto… al paso que tú… veremos… Dentro de un mes tendrás que ir conmigo. Los empresarios allá quieren conocerte. Hay una bella señorita en especial que está animadísima para conocer la mitad creativa de nuestra sociedad… ¡Prepárate!

Los dos amigos ríen y siguen charlando animadamente sobre los asuntos del viaje.

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